¡TÚ ERES EL NUEVO DISCÍPULO! Resuelve tus problemas, antes de que te enamores de ellos...


Un Maestro Zen terminó la instrucción de su discípulo y estaba listo para empezar a trabajar con el siguiente, así que reunió a los aspirantes para descubrir entre ellos cuál recibiría la preparación.

Muchos decían estar listos, así que el Maestro dijo: “Voy a presentarles un problema, aquel que lo resuelva primero será mi nuevo discípulo”.

Trajo al centro de la sala un hermoso florero con intrincados grabados, y dentro de él una delicada flor que inmediatamente llenó la estancia con su aroma... el Maestro señaló: “Este es el problema”.

Los aspirantes contemplaban perplejos los diseños sofisticados de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor... “¡Esto es muy hermoso! ¿Cuál es el problema?”

Después de algunos minutos, un joven se levantó, caminó hacia el florero con determinación y de un violento manotazo lo lanzó al otro lado de la sala.

“¡Tú eres el nuevo discípulo!” —dijo sonriendo el maestro...

¿A que viene este cuento?

A que muchas veces nos comportamos como esos aspirantes, tenemos la oportunidad de contar con alguien que nos ayude, llamémoslo, maestro, tutor, coach o simplemente un buen amigo que nos aconseje, y en lugar de usarlo nos ponemos a analizar el problema sin tomar acción para solucionarlo. Le damos más importancia a la contemplación del problema que a la búsqueda de la solución.

A esto se le llama “Parálisis por análisis”, ya que sólo existe una forma de lidiar con los problemas, y es actuar, atacarlos de frente, sin piedad, y no dejarnos tentar por el lado fascinante que puedan llevar consigo”.

Los problemas causan un raro efecto: nos gusta contemplarlos, analizarlos, darles vuelta, comentarlos, compararlos con los de los demás y decir: “Tu problema no es nada... ¡espera a que te cuente el mío!”

Deja de contarlos, deja de observarlos y pon manos a la obra para solucionarlos. Y si sientes que tu problema es más grande que tú, ¡busca ayuda!, que seguramente está disponible y a la mano si aceptas que la necesitas... Pero sigamos con nuestra historia...

El Maestro explicó—: Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bello sea, tiene que ser resuelto y sacados de nuestro camino. Puede tratarse de un florero de porcelana, un amor que ya no tiene sentido, un camino que debemos abandonar e insistimos en recorrer... No importa como se presente ¡Es un problema, trátalo como un problema!

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